Figurita repetida

September 12, 2007

Acabo de recibir un “no” a una propuesta de rediseño de un sitio.

Una propuesta que me tomó mucho tiempo preparar y que en los últimos días convertí en algo personal: Realmente quería esforzarme al máximo y ganar este contrato, no solamente porque el proyecto era sumamente interesante, pero más allá de eso, quería probarme a mí mismo, quería hacer algo que me empuje al máximo, algo en lo que pueda poner toda la pasión que la rutina diaria laboral apaga.

Me esforcé al máximo.

Y no gané.

El sabor de perder algo en lo que te esforzaste demasiado es, por lo menos, amargo, inconcluso, impotente. El perder te hace caer, te hace tropezar, te hace cambiar la mirada, te hace desorientar. Te hace mirarte de nuevo, te hace repensar lo que originalmente pensaste como el camino, como la decisión.

Te descoloca: Es como el “no” de ese amor platónico que pensabas que solamente te miraba a vos cuando tenías 13 años.

No sé si uno está preparado para perder. Uno siempre piensa en qué va a hacer cuando se gane, con quien va a descorchar la botella de vino, en donde, y cómo va a seguir su vida después del éxito. En mi caso, no pensaba en nada, aunque tenía expectativas (y realisticamente tenía chances de ganar el RFP), TODO, se derrumba por la borda cuando llega el momento en el que te dicen “no”.

Les voy a contar una de las situaciones que más me dolieron en la vida.

Cuando no entré a la UTN (luego de esforzarme al máximo, también), ví como el mundo se derrumbaba ante mí, y yo sin poder hacer nada. Los sueños, las expectativas — no solo mías, sino de mi familia— se caían como un castillo de naipes. Sentí fragilidad , impotencia. Me sentí descolocado … que iba a hacer ahora? Había puesto todo mi esfuerzo en algo que no se dió y ahora tenía poco tiempo para pensar que iba a hacer. Poco tiempo para elegir otro camino, para convencerme de que tal vez mis esfuerzos habían sido puestos en algo que no era para mí.

Recuero claramente ese día: Yo, no entré. Yo, perdí.

El perder conlleva el sentimiento de la no-inclusión, de la propia reclusión. El sentimiento de no poder (esto es, de querer y no poder), el sentimiento de no estar dentro del mismo grupo de amigotes, la sensación del mirar de afuera, la soledad. El caminar al costado del camino, el ver cómo los que ganaron si disfrutan y vos, vos tenés que seguir caminando, con dignidad y resignandote a un futuro mejor.

Luego lo pensás tranquilamente y dejás que el tiempo trate de curar (o de hacerte creer que te cura) lo que pasó. Pensás y pensás y te auto-convencés y auto-engañás de que tal vez eso no era para vos; que ahora podés elegir otra cosa mejor; que ahora ganaste experiencia y un sin fín de razonamientos más.

Pero nada, nada valida lo que estás pensando en ese momento. Solamente el tiempo. El tiempo te dirá, mas adelante, cuando las heridas hayan curado, si te equivocaste; si realmente necesitabas perder, o si necesitabas ganar.

Volviendo a la propuesta, puedo decir que aprendí varias cosas. Negativamente, invertí tiempo y lo perdí. Positivamente, me quedo con mucha más experiencia de cuando empecé. Me quedo con esas “señales” de que algo anda faltando, de que algunos ajustes son necesarios para ganar la siguiente.

“La siguiente”. No sé si “la siguiente” es el consuelo de los perdedores o es una forma realista de conllevar las situaciones que te pasan. Sólo sé que en la vida se gana y se pierde y salir con un “pero yo siempre pierdo” sería dar una versión demasiado simplista y conformista de la vida.

Hace un tiempo aprendí que la vida se trata de elección. Hoy aprendo que también de saber responder a situaciones.

Ya está. Hoy hago el duelo de esta propuesta, de lo que perdí, de lo que fue y de lo que no pudo ser y continúo con mi vida.

2 Responses to “Figurita repetida”

  1. Anis Says:

    esta noche no van a existir palabras de consuelo; puedo ofrecerte mis brazos y mi hombro para que descanses.

  2. mini-d Says:

    Hay que mirar siempre adelante.


Comments are closed.